El 15% de los trabajadores jóvenes tiene una relación mala o muy mala con su superior directo:
Demostraciones de poder y evadir obligaciones son lo que más molesta de las jefaturas
01.02.2016

Aunque la valoración de los estilos de liderazgo va cambiando según la edad, todas las generaciones coinciden a la hora de identificar las actitudes que más desagradan en los puestos de arriba.  


“Nada de lo que haga un jefe es neutro para su equipo. Lo que dijo o no dijo, o lo que hizo o dejó de hacer, es algo de lo que la gente se acuerda siempre, mientras que si la misma actitud la tuvo un compañero, se olvida en la tarde”, afirma el psicólogo laboral y socio director de EB Consulting, Eduardo Barros. A su juicio, la relación con el superior es clave a la hora de valorar un cargo y hasta la política de beneficios que tiene una empresa: “Aunque exista un programa de flexibilidad horaria, por ejemplo, este pierde peso si la jefatura pone mala cara cuando alguien se va temprano”, explica.

Según una encuesta de Trabajando.com a 3.678 personas, los profesionales jóvenes tienen una visión más crítica hacia la cabeza de su equipo. El 15% de jóvenes entre 18 y 25 años reconoce tener una relación mala o muy mala con su jefe; en tanto que solo el 8% tiene la misma percepción sobre los 41 años. Al revés, mientras el 58% de los mayores percibe que tiene un vínculo bueno o muy bueno, en los de menor edad la tasa cae nueve puntos porcentuales, llegando al 49%.

Para Juan Carlos Eichholz, director del Centro de Liderazgo de la UAI, estos resultados se explican porque la generación sub 25 tiene otras expectativas que los de más edad: “Pretenden ser parte de las decisiones, estar involucrados, pero muchos jefes actúan de un modo tradicional, que es de dar instrucciones y hacer rayados de cancha. Ahí se produce un choque”.

Entre los entendidos, el diagnóstico se repite: la nueva camada de profesionales tiene un menor compromiso con la organización y, por ende, con las posiciones de poder, lo que incide en esa actitud más dura.

Por otra parte, los ejecutivos sobre 40 tienen una mejor relación, porque muchos de ellos también son jefes, estima Barros: “Se genera un efecto de empatía a la hora de evaluar a quien está arriba, pues entienden por lo que están pasando”.

Además, los trabajadores senior tendrían mayor tolerancia por sus mayores compromisos familiares y el temor a la pérdida de empleo. Así lo cree María Ester Feres, directora del Centro de Relaciones Laborales de la Universidad Central: “Aceptan las condiciones que se dan en las relaciones de trabajo con la jefatura, más allá de si la consideran correcta o no, porque es una forma de mantenerse dentro de la empresa y proyectar su carrera”.

Trato igualitario es valorado por todos

Independiente de cuánto acomoda un estilo jerárquico u otro más cercano, Barros destaca que todos los trabajadores valoran lo mismo: “A la gente de todas las edades le importa cómo es tratada. Si se tiene un jefe muy estructurado pero que da oportunidades de conversar, aunque la relación sea asimétrica, se valora. Por otra parte, si es horizontal pero descalifica y se siente que la opinión vale menos, va a darse una mala evaluación”.

Lo cierto es que las actitudes que más molestan de los superiores tienden a repetirse en los distintos grupos etarios. Entre el 21% y 23% de los colaboradores cree que una práctica desagradable es esquivar las responsabilidades propias del cargo. “Hay un cambio de chip , donde ahora el trabajador quiere un jefe que lo acompañe, que se ponga a su disposición para poder sacar el mejor rendimiento. Si no cumple con sus obligaciones y las deriva a su equipo, se percibe como que no se preocupa por ellos, ni escucha sus problemas”, destaca Álvaro Vargas, gerente general de Trabajando.com Chile.

Feres estima que detrás de estos resultados hay un problema cultural arraigado y que molesta mucho entre los trabajadores. “El principio de responsabilidad jerárquica no está incorporado y la persona tiende a lavarse las manos. Si bien dentro de las funciones de un jefe está motivar y supervisar, el hilo muchas veces se corta por lo más delgado y eso es una práctica que ahora se ve acentuada por la fuerte competencia”, indica.

Otra conducta que genera gran rechazo son las exhibiciones innecesarias de poder: entre el 20% y 22% de los ejecutivos la identifica como la actitud más molesta de un superior. “Es una muestra de que la persona no está siendo considerada como un igual. La gente no tiene problema en que le delineen por dónde ir y cómo hacerlo, pero cuando se pone énfasis en que el otro es mejor, eso a los seres humanos no les gusta”, explica Barros.

En su opinión, esto cae dentro del trato inapropiado, así como apropiarse de los méritos de su equipo, contar chismes sobre compañeros de trabajo o tener un maltrato con los subalternos. Para Feres, todas estas conductas se explican por una fuerte despersonalización de la gestión: “Para efectos de incrementar la productividad, tenemos fallas brutales en las relaciones de trabajo. No se piensa en el otro como un componente fundamental para el éxito de la empresa”.

Mala elección y acompañamiento de las jefaturas

Las malas prácticas tienen una causa de origen: la mala elección de los superiores. “Se elige a la gente por sus capacidades técnicas y no por las habilidades blandas como liderazgo o facilidad para trabajar en equipo, por lo que estos aspectos quedan descuidados. Hoy ser especialista es necesario pero no suficiente, tienen que formarse esas otras competencias”, advierte Vargas.

Otro punto débil es la falta de acompañamiento de las nuevas jefaturas, estima Barros. “Nadie es jefe en forma natural, pero son pocos los programas formación que los dejan realmente capacitados. Son pocos también los que hacen un seguimiento, para que la conducta de los buenos líderes se instale. Se requieren programas de entrenamiento y seguimiento muy sistemáticos”, dice.

Jefes mal capacitados y mal asistidos muchas veces se traducen en estilos de liderazgo autoritarios. Eichholz cree que el cambio debe venir desde arriba: “Es poco lo que se está haciendo en Chile para cambiar esa mentalidad, y pasa al final por una política de la empresa. Si no es así, un directivo difícilmente va a buscar la forma de enseñarles a los jefes de rango medio que sean distintos”.

En todo caso, son pocas las empresas que están teniendo esta discusión, pues la mayoría está preocupada por pasar el día a día, dice Vargas. “Los mecanismos de capacitación y acompañamiento de jefaturas tienen que ver con una sofisticación de la empresa, que puede invertir en evaluaciones de clima, pero la inmensa mayoría está preocupada de sobrevivir”, concluye.

Llegar atrasado a las reuniones no es mal visto

Ir a trabajar estando enfermo, hablar asuntos confidenciales de la empresa y llegar tarde a las reuniones son las actitudes que generan menos rechazo entre los trabajadores. Ninguna opción sumó más del 7% de las respuestas en la encuesta de Trabajando.com, independiente de la edad de los profesionales.

Las dos primeras no tienen un efecto directo en el trabajo de los colaboradores, lo que explicaría esta baja valoración. Mientras que el atraso en las reuniones es aceptado por un tema cultural. “La mayoría comienza a deshora y mucha gente no llega a tiempo. Es algo que no se ve mal, porque todos lo han hecho alguna vez”, señala Eduardo Barros, psicólogo laboral y socio de EB Consulting.

Mediana edad

Los de 40 años y más tienen mejor relación con los jefes, pues muchos también lo son.

María de los Ángeles Pattillo 


Fuente: El Mercurio