Flexibilidad laboral, gran ausente de la reforma
24.01.2016

Cuesta entender que la Reforma Laboral no considere la flexibilidad laboral como eje fundamental y primero del debate.


La OCDE en su último índice para una vida mejor, puso a Chile en el penúltimo lugar de la lista de países con mejor balance de vida-trabajo. Dinamarca, en tanto, ostenta el primer puesto en dicha medición, país reconocido por su alto nivel de flexibilidad en las jornadas y los destacados estándares de generación de confianzas entre empleador y trabajador. Dinamarca tiene además las mejores cifras de la OCDE en empleo femenino en la llamada edad intermedia (25 a 54 años), lo que ha ayudado a reducir en gran medida la pobreza, casi inexistente en dicha nación.

Los llamados países nórdicos, varias veces dicho, son ejemplo en materia de educación y empleo. Por ello cuesta entender que la Reforma Laboral planteada en Chile no considere la flexibilidad laboral como eje fundamental y primero del debate. Este error no permitirá que superemos las cifras de empleo femenino, que hoy no alcanzan siquiera a 50%. Es lógico, no están las condiciones óptimas para que ellas ingresen fácilmente al mercado laboral. Y siendo más específicos, ya no es solo un tema de tasas sobre empleo femenino. Los jóvenes, la población de más de 60 años que desea seguir trabajando y también hombres que desean conjugar la vida familia-trabajo, piden mayor flexibilidad y también adaptabilidad laboral.

Pero de esto nada. Estamos enfocados en una discusión sobre una reforma que está totalmente centrada en si empodera o no a los sindicatos, si deja o no conformes a sectores más conservadores. En si hay o no reemplazo en huelga, que -entre paréntesis- tal y como está la indicación de Gobierno es probable que se judicialicen diversos aspectos de la negociación atendidas varias ambigüedades en esta nueva normativa.

Debemos incorporar aspectos hoy ausentes de la discusión. Abrir espacios para introducir no exclusivamente temas vinculados a la sindicalización, importante, seguro, pero menos urgente que incluir mejoras que apunten al diálogo y sobre todo a la confianza entre empleador y trabajador. No lo hicieron antes, no lo hicieron ahora, a pesar que significaría un cambio de paradigma y de seguro facilitaría cambios en la legislación laboral que tanto hacen falta si queremos normas modernas, pero sobre todo representativas del mercado laboral actual.

Por Cristián Aguayo.


Fuente: Pulso