Expectativas de mayor riesgo en economía chilena
01.07.2017

Los temores de que el menor crecimiento tarde o temprano empezaría a resentir la confianza en nuestra economía empiezan a hacerse realidad.


Como desde hace algunos años se ha observado una tendencia a aumentar el gasto fiscal a un ritmo en exceso del crecimiento del PIB, los mercados han venido internalizando un déficit fiscal permanente, y, a tasas tales, que la deuda pública seguiría creciendo como porcentaje del PIB. El pronóstico, entonces, ha sido que, en el tiempo se haría evidente un riesgo más elevado de prestarle a Chile. Todo indica que esa percepción de riesgo comenzó a generalizarse. Dos de las tres agencias globales de clasificación de riesgo país han revisado su visión sobre Chile, llevándola de estable a negativa.

El fisco chileno es deudor neto desde 2016. Y un déficit fiscal de 3,2% del PIB en el primer trimestre de 2017 parece confirmar cuán difícil será revertir la tendencia al endeudamiento. Parece confirmarse cada vez más que la confianza en mayores ingresos de la reforma tributaria, que permitirían abordar grandes gastos fiscales, será una expectativa frustrada. Que, en definitiva, el freno al crecimiento que derivó de la reforma tributaria y la reforma laboral están llevando al país por el camino del menor crecimiento, baja generación de ingresos fiscales y una paulatina pérdida de solvencia fiscal.

El ministro de Hacienda ha querido restar importancia a la eventual pérdida de categoría crediticia del país, aduciendo que sus efectos ya están internalizados. Pero, que más que ante una expectativa difusa, estemos ya ante un factor internalizado, es precisamente lo que agrava la situación, en cuanto indicación de un juicio más elaborado, decantado y difícil de revertir, sobre nuestras menores posibilidades de recuperación. Lamentablemente, todo indica que el ministro tiene razón, a juzgar por opiniones de observadores relevantes que indican que, más allá de las dificultades para contener el gasto fiscal, si Chile estaba en la misma categoría de riesgo que otros países más ricos, era debido a su buen desempeño en cuanto a crecimiento. Pero que, habiéndose perdido ese elemento, luego de tres años de desempeño particularmente pobre, y de deterioro de sus políticas, cabe esperar que la nueva realidad del país se refleje pronto en una menor clasificación de riesgo.

Ante el panorama descrito, se debe lamentar la pertinacia, tanto de la actual coalición oficialista -que no ha cejado en fomentar altas expectativas de mayor gasto público mientras promueve medidas negativas para el crecimiento- como de algunos analistas, que aun hoy insisten en eximir a la Nueva Mayoría de responsabilidad por el estado de cosas que afecta las perspectivas del país.

Si algo puede revertir ese estado de cosas, como se viene señalando dentro y fuera del país, es un cambio político relevante, que traiga de vuelta la estrategia económica y social exitosa que Chile siguió por varias décadas. Desde este punto de vista, el convencimiento generalizado de que el país se encamina a una pérdida de calidad crediticia puede tener un impacto positivo, en la medida que tal expectativa supone reconocer que hay un diagnóstico objetivo – ya no doméstico y eventualmente politizado, sino en el exterior, en círculos técnicos que desarrollan un trabajo profesional- que apunta a una economía descarriada, que urge reorientar.


Fuente: La Tercera