¿Estamos viviendo o sobreviviendo en el trabajo?
03.11.2014

Cuando estamos trabajando en un lugar que no nos acomoda, ¿Qué hacemos? ¿Cómo lo abordamos?. Si la idea de ir a trabajar, provoca malestar sólo con pensarlo, propongo hacer un alto y ver qué es lo qué está sucediendo. 


Si sumamos la cantidad de horas que pasamos en el trabajamos y convivimos con nuestros compañeros es mucho más la que compartimos con la familia, por ende, podría ser uno de nuestras fuentes de desarrollo con mayor importancia que podría determinar nuestra sensación y percepción de felicidad y afectaría en los demás planos esenciales como es la familia, amigos, hobbies y descanso.

Si consideramos trabajar sólo con el objetivo del dinero, estamos pagando el costo que dentro de los próximos 30 días estaremos aguantando el estrés o sobreviviendo a un lugar y una función que no queremos experimentar, por el hecho de recibir plata. Sin embargo lo hacemos por el sacrificio que en estricto rigor es una de las opciones más arriesgadas de hacernos daño sin darnos cuenta, dado que aguantar en un trabajo con la idea del premio, es considerar que lo importante es el objetivo y no el proceso, siendo que la experiencia de trabajar es la que decide la calidad del día y de nuestras vidas.

Sé que muchas personas viven trabajando para sostener económicamente a otros y es una realidad que no podemos desconocer, no todos tienen la opción de cambiarse de trabajo si es que no les gusta o no se sienten cómodos, sin embargo, podemos hacer que el día a día tenga mayor calidad en torno a las relaciones e intentar disfrutar pequeños momentos que podrían hacer que el día valga la pena, así la sensación de trabajar tendría una adecuada significación y por efecto afectaría a las demás áreas de la vida de igual manera.

La remuneración debería vivirse como el resultado de un desempeño, no como un objetivo final, es decir, trabajar en un espacio de relaciones donde el sentimiento es positivo hacia el espacio y las personas, adquiere ver la vida en torno a procesos y aspectos más importantes que tener para vivir, invita al ser a desarrollarse.

Vivir el día como si fuera el último de nuestra vida, cambiaría la forma de vida y la perspectiva, dado que cuidaríamos el dónde estamos parados y qué estamos haciendo por nosotros a diario

Debemos evitar la inercia de hacer por hacer y esperar a fin de mes a que nuestro trabajo sea remunerado con un bien finito, pues, construir la fantasía de que gracias a este medio, el trabajo sí vale la pena, es limitar nuestro desarrollo, reduciendo las habilidades a un algo concreto y agotable.

Soy una defensora de los cambios, en cualquier nivel, forma o contenido, Me refiero a cualquier cambio en beneficio de nuestro día a día, cambio de perspectiva, cambio de relación o cambio de trabajo. Todo es cíclico y todo cambia, lo único que tenemos garantizado es que las cosas van a cambiar.

Es decir, la felicidad que podemos entregar al mundo es primero ser felices nosotros mismos, hacer lo que anhelamos bajo el estado de gozo y que cada día valga la pena.

Ser más comprensivo y compasivos con nosotros, el verbo regalonear tiene mucho sentido con vivir internamente de forma regalona y la tranquilidad que provoca descansar al vigilante interno que tenemos sobre nuestras acciones, que muchas veces es el que no nos deja estar tranquilos.

Aceptemos los términos de ciclo, y asumamos que la vida es cíclica, no nos alarmemos por que las cosas cambian; la vida es una constante aventura de experiencias. 

Por Daniela Núñez, Psicóloga experta en calidad de vida y salud mental.


Fuente: Perfil Austral