Mejorar la competitividad, la clave para enfrentar tiempos de crisis
04.01.2016

Dos años sucesivos de súper cosecha de maíz en EE.UU. y la baja generalizada en el precio de los commodities provocaron que la superficie nacional destinada a este rubro se redujera en cerca de 70%. Paralelamente, los distintos conflictos internacionales han mermado la demanda por semillas de algunas hortalizas, por lo que la temporada 2015/2016 se vislumbra poco auspiciosa si los actores no se enfocan en mejorar sus procesos.


La bonanza vivida por la industria semillera en 2012 ya no es más que un recuerdo. Entre 2014 y 2015, la superficie certificada para exportación cayó de 32.693 hectáreas a 10.219, según información del SAG, y las perspectivas para este 2016 no son nada alentadoras.

Las primeras proyecciones del sector hacen pensar que la temporada 2015/2016 será muy parecida a la anterior o levemente más floja.

“Para 2016 la estimación de precios se mantiene a la baja, las superficies debieran continuar en los niveles de 2015 y del rendimiento aún no se sabe, porque depende del clima”, comenta Winston Colvin, gerente general de South Pacific Seeds.

Desde Anpros, la asociación gremial del sector, su gerente ejecutivo, Mario Schindler, indica que en términos generales no esperan grandes cambios, y que en cuanto al maíz -el producto principal- el escenario internacional y en especial el estadounidense se mantienen estables, y esta temporada se volvió a repetir una súper cosecha, la tercera más importante en el país del norte. El representante del gremio recalca que la industria ha aprendido a esperar, a contar con más información, ya que la producción no solo depende de los contextos internacionales, sino que de los eventos climáticos, de la necesidad de producir nuevas variedades y otros factores que pueden cambiar de manera importante la situación.

No hay que olvidar las hortalizas

Las hortalizas son el segundo rubro más importante del sector semillero nacional y su amplia variedad de especies permite sortear de mejor forma los vaivenes de los mercados internacionales.

“Las hortalizas se han mantenido y tienen el potencial de convertirse en el producto más importante del negocio semillero en el país, ya que el precio de estas no depende de lo que pase con el maíz, porque no son commodities, y en los últimos 10 años el precio de las hortalizas viene al alza, logrando duplicar y hasta triplicar su valor desde entonces”, señala Winston Colvin.

Por ejemplo, los precios de los pepinos y zapallos han caído, producto de una baja en la demanda, a raíz de los conflictos en Medio Oriente, mientras que parte de la producción internacional de semillas de sandía y zanahoria retornó a nuestro país tras presentar algunos problemas fitosanitarios en sus principales países productores, como China y Francia, respectivamente.

Los especialistas en semillas de hortaliza reconocen que aunque la dificultad productiva en algunas especies es mayor que la de los cultivos intensivos, el retorno también puede serlo si las cosas se hacen bien a nivel de campo.

“Las hortalizas son un rubro de suma importancia para Chile y con importantes expectativas de mantener su crecimiento, siempre que como país se mantengan las condiciones de competitividad, tarea que debemos enfrentar de manera conjunta el sector público y privado”, enfatiza Mario Schindler.

Los desafíos para Chile

Pese a la baja sostenida en los resultados de la industria en los últimos dos años, Chile continúa siendo el principal exportador de semillas del hemisferio sur, gracias a la experiencia de los profesionales del área, la calidad de los productos y la confianza en el país.

Además, la investigación realizada en territorio nacional lo sitúa como un actor de gran relevancia para el desarrollo de nuevas variedades para el mundo. Todo lo anterior representa un patrimonio que hay que preservar a toda costa, a juicio de los expertos.

“La competitividad de nuestra industria resulta clave, y cuando hablo de competitividad tenemos un desafío enorme, ya que necesitamos tener una coordinación con el sector público que funcione de manera impecable; de lo contrario, estamos arriesgando el patrimonio que hemos construido por décadas”, manifiesta el gerente ejecutivo de Anpros.

El representante gremial añade que el norte de la industria es avanzar en mejorar sus procesos, capacitar más a sus profesionales, tecnificar el riego en los predios, incorporar nuevas tecnologías y generar alianzas estratégicas con otros sectores, como el apícola, para profesionalizar los servicios de polinización.

“Chile como país tiene que hacerse más atractivo para los compradores y bajar sus costos. El desafío más inmediato se centra en tener infraestructura y tecnología de riego, pero para eso se necesita el apoyo de las autoridades, porque es una inversión a largo plazo que deben hacer los agricultores”, argumenta Víctor Álamos, dueño y presidente de Tuniche.

“Hay que mejorar la competitividad de la industria y para ello todos los actores debemos buscar nuevas y mejores formas de operar. Las empresas semilleras deben revisar sus procesos para hacerlos más livianos, eficientes, más seguros y de mayor calidad. A nivel de agricultores hay que mejorar el riego, la mecanización y la logística de campo, y en Chile esto se puede mejorar bastante. También hay que impulsar el capital humano desde las universidades, porque la industria de las semillas es relevante para el país y cuesta encontrar gente especializada”, añade el gerente general de South Pacific Seeds.

Otro punto en el que concuerdan los actores de la industria es en la importancia de la imagen país que se proyecta al exterior, debido a que parte importante del negocio se basa en la confianza que deposita el comprador en que su producto estará disponible. Los paros de aduanas y puertos de embarque, según la industria, no se pueden volver a repetir. Estos dañan el mayor capital que ha construido Chile en el exterior: la confiabilidad.

“Necesitamos que nuestras autoridades reguladoras nos acompañen en este proceso. El mercado mundial está cada vez más exigente y nuestra consigna es entregar semilla de la mayor calidad y proyectando plena confiabilidad. No debemos olvidar que nuestro rubro es uno de los que está sometido a los mayores niveles de exigencia en cuanto a su capacidad de respuesta. La semilla que se produce en Chile está siendo esperada por miles de agricultores en todo el mundo, por lo cual no podemos darnos el lujo de no actuar con la mayor eficiencia y responsabilidad con nuestros clientes. El rol de un Estado regulador, que actúe como un verdadero compañero de ruta, resulta clave. Debemos hacer cada vez más expeditos todos nuestros trámites de internación y exportación de semillas. Debemos mantener exigencias fitosanitarias balanceadas y basadas en ciencia, que protejan nuestro patrimonio fitosanitario sin generar posibles trabas innecesarias al comercio”, detalla Mario Schindler.

“Los paros de distintas instituciones públicas afectan también a la industria, porque uno no vende solo la semilla, sino que también vende confianza. Cuando viene alguien a comprar semillas a Chile, está apostando a que esa semilla le llegue en el momento oportuno, con la calidad adecuada y en la cantidad acordada. Si falla una de las tres el negocio se cae. La tuerca hay que ir apretándola en todas partes. Sin duda que se puede optimizar el uso de fertilizantes, herbicidas o maquinarias, pero lo más importante hoy es el riego y una institucionalidad clara, no se pueden cambiar las reglas de la noche a la mañana”, complementa Álamos.

Los involucrados recalcan la necesidad de una legislación integral y moderna que acompañe el proceso no solo de las semilleras, sino que de toda la agricultura nacional.

“Tenemos temas pendientes como país en derechos de obtentores, apícolas, recursos genéticos, laborales e hídricos. La mayoría de nuestros países competidores avanza y nosotros nos estamos quedando muy atrasados y lamentaríamos profundamente darnos cuenta cuando ya sea demasiado tarde. Esta es una responsabilidad histórica que nos está tocando enfrentar”, sentencia el gerente ejecutivo de Anpros.

“Productividad, innovación y competitividad son claves en este negocio. El rendimiento no puede ser el único norte, hay que preocuparse de una producción limpia, de resguardar el patrimonio fitosanitario y de apoyar en la profesionalización de los apicultores”, complementa Winston Colbin.

Para Anpros, lo esencial es tomar conciencia de que el escenario mundial es complejo y con exigencias cada vez mayores y multifactoriales, por lo que todos los involucrados deben trabajar cada día en ser más competitivos y no poner un autofreno a sus posibilidades de crecimiento.


Fuente: Economía y Negocios