Desconfianza de los trabajadores en sus jefaturas directas y compañeros de labores supera el 30%
06.03.2017

Esta situación puede traer efectos directos en el clima y productividad de las empresas. Al mismo tiempo, se puede ver alterada la lealtad de los colaboradores con la compañía.  


Creer que la persona no cuenta con las capacidades suficientes para desempeñar bien su cargo, o bien pensar que podría hacer algo ilegal o inmoral en la empresa donde labora. Así se entiende la desconfianza en una encuesta realizada por la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) a 1.801 trabajadores. Del total, el 44,3% dijo tener recelo de los dueños de la compañía y el 42,6% de la alta gerencia.

Wenceslao Unanue, académico de la UAI y uno de los autores del estudio, dice que estas cifras se explican por las malas prácticas empresariales que se han dado a conocer en el último tiempo, como colusiones y pagos a políticos: “En los últimos años ha habido una revelación de lo ‘oscuro’ que han sido algunos empresarios y gerentes. Eso se ha sabido y a la gente le ha generado mucha rabia”, explica.

María Ester Feres, ex directora del Trabajo y actualmente directora del Centro de Estudios y Asesorías en Relaciones Laborales de la Universidad Central, agrega que también hay condiciones estructurales relacionadas con este indicador de confianza: “Tienen que ver las relaciones asimétricas entre trabajadores y empleadores, que se traducen en condiciones precarias como medias salariales tremendamente bajas, por ejemplo”.

Lo cierto es que más del 50% de quienes ganan menos de un $1 millón dice desconfiar tanto de la alta gerencia como de los dueños de las empresas, según el estudio. “La gente de menos ingresos es más vulnerable a cualquier problema o reestructuración. Al depender de personas o situaciones ajenas a su control, se encuentran más indefensos y puede que la mayoría trabaje desde una actitud defensiva”, explica el coautor de la investigación y gerente del Laboratorio de Estudios Avanzado en Psicología de la UAI, Diego Cortez.

Aprensión disminuye si la relación es cercana

La desconfianza también se da en las relaciones laborales más próximas. El 31,9% señala tener recelo de su jefe directo y el 30,4% de sus compañeros de trabajo. “Lo que hace la diferencia es la cercanía interpersonal y física. La lejanía facilita que la gente funcione a base de estereotipos y prejuicios”, señala Claudio Ibáñez, director ejecutivo del Instituto Chileno de Psicología Positiva.

Aunque los indicadores en torno a las figuras contiguas son inferiores al de los dueños de la compañía y al de la alta plana ejecutiva, María Ester Feres advierte que de todas formas estos son altos: “Ello pasa porque en vez del trabajo en equipo, las empresas refuerzan la competencia individual, donde el mejoramiento salarial depende de uno mismo y de demostrar que se es superior a los compañeros”.

Para el sociólogo y académico de la Universidad Andrés Bello, Juan Carlos Oyanedel, la cifra más preocupante es la desconfianza en los subalternos, que llega al 38%. “Se desconfía de quienes están debajo si hay inseguridad en el empleo; el jefe piensa que le van a quitar el puesto”, indica. A su juicio, esta suspicacia es muy nociva, pues hay una pérdida directa en la productividad, ya que los superiores tienden a aumentar los tiempos de supervisión.

Unanue advierte que los altos grados de desconfianza tienen también otros efectos. “Si hay recelo de la pareja, lo más probable es que la relación dure poco, y lo mismo pasa con el jefe, el dueño de la firma o los compañeros de trabajo. Lo más probable es que la persona se vaya a la primera o que incluso pueda boicotear a la empresa, filtrando datos relevantes, por ejemplo”.

A pesar de las evidentes consecuencias negativas, distintos expertos coinciden en que este indicador no es muy utilizado en las organizaciones. “Las empresas miden mucho más el tema del clima laboral, pero no se considera un índice de confianza, pues es más bien un tema personal y no tan colectivo”, asegura el socio líder de capital humano de Deloitte, Jaime Valenzuela. Por su parte, Ibáñez cree que esta falla se debe a que las compañías desconocen el impacto que puede tener en el equipo que se desconfíe de las habilidades del otro para hacer correctamente el trabajo.

Valenzuela destaca que, justamente, la desconfianza de carácter técnico, más que moral, es la que influye de forma más significativa en el resultado de las empresas. “Más allá de la calidad de la persona, se debe creer en que cada uno va a hacer de buena manera su labor, para que el resultado final salga bien”, apunta el experto.

Para lograr mejorar este indicador, Ibáñez recomienda generar un feedback directo entre los distintos miembros de la compañía: “Se promueve que el gerente general baje físicamente a recorrer los lugares de trabajo, por ejemplo. Deben tener contacto, con desayunos o reuniones, que son un potente vehículo de reconocimiento”. Por su parte, Feres cree que las medidas debieran ir hacia un mejor reparto de beneficios. “Tienen que establecerse estructuras más horizontales, fomentando la percepción de ser parte de una comunidad de trabajo”.

Una
de cada dos mujeres declara desconfiar de los dueños de la empresa donde se emplea, según un estudio elaborado por la UAI.

36%
de quienes están en el área de RR.HH., en promedio, sospecha de alguno de los miembros de su compañía.

268
personas que ganan menos de un millón de pesos no confía de sus subalternos, mientras que entre quienes reciben más de cuatro millones solo hay cuatro personas.

1/3
de los trabajadores dice tener aprensiones respecto de sus compañeros de equipo.

Mujeres y viudos, entre los que menos confían

La mayoría de quienes declaran desconfiar dentro de su ambiente laboral no ostentan jefaturas. De los 1.801 encuestados, 657 están en esa categoría y de ellos, el 56,1% tiene recelos de los dueños de la empresa, mientras que entre los supervisores, que en total equivalen a 1.144, la cifra llega al 37,6%, según el sondeo de la UAI.

“En la medida en que se tiene menos control en el trabajo, se manifiesta mayor desconfianza en los diferentes estamentos de la organización. No se tiene espacio para tomar decisiones y, por lo mismo, no se tiene claridad de cuál es el aporte que se hace”, dice el sociólogo Juan Carlos Oyanedel.

En cuanto al estado civil, los viudos tienden a ser más desconfiados, así como las mujeres y quienes tienen educación universitaria. Al mismo tiempo, quienes trabajan en el área de Finanzas y Contabilidad tienden a presentar mayores rangos de suspicacia. Al preguntar por la confianza que generan los dueños de la empresa y la alta gerencia, la tercera área donde hay más resquemor es en Recursos Humanos.

María de los Ángeles Pattillo 


Fuente: El Mercurio