Bases del emprendimiento: Oportunidad, recursos y equipo
06.09.2015

Cuánto “pesa” cada uno de estos tres elementos depende de la etapa en que se encuentre el nuevo negocio. El entusiasmo y poder de convencimiento del emprendedor lo mantendrán con vida en los momentos difíciles.  


Modelo de Timmons: un acto de malabarismo

Jeff Timmons fue quien propuso a Babson College que abordaran académicamente el tema del emprendimiento, bajo el convencimiento de que este se podía fomentar y cultivar metódicamente en los alumnos. Hasta entonces se creía que “el emprendedor nace, no se hace”. Es así como bajo la visión de Timmons, Babson College ha sido pionero en esta materia y por sus aulas han pasado grandes emprendedores, siendo considerada una de las mejores escuela de negocios en la enseñanza de esta materia en el mundo durante los últimos quince años.

El modelo de Timmons (ver figura) es muy simple, pero a la vez muy potente. Pone al emprendedor en medio de un acto de malabarismo donde debe conjugar tres grandes conjuntos de elementos: las oportunidades, los recursos y el equipo.

Este ejercicio de constante equilibrio no necesariamente implica darle un peso similar a cada fuerza en cada momento. La realidad de los nuevos negocios es más difícil, pues implica darle más importancia o peso al factor que lo requiera en determinado momento de la vida del emprendimiento.

El emprendedor busca las oportunidades de negocios explorando el mercado, buscando los problemas que él cree poder resolver, identifica los potenciales clientes, consumidores o usuarios y finalmente establece su mensaje “de venta” con su propuesta de valor. Esta debe ser simple, directa y potente. Debe poder entusiasmar sin requerir muchas preguntas.

Una vez identificada la oportunidad, es fundamental saber si esta se ajusta al emprendedor. En otras palabras, si el emprendedor es capaz de reunir los recursos necesarios para ejecutarla. Aquí hay que ser muy realistas y sinceros, pues se pueden identificar muchas oportunidades, pero muy pocas podrían ajustarse a la capacidad de ejecución del emprendedor. Uno de los principales errores y causas de fracasos de emprendimientos es que el modelo de negocio no fue bien ejecutado, pues no era la oportunidad correcta para el emprendedor.

La tercera dimensión es el equipo. Si se ha logrado identificar la oportunidad correcta y se han podido reunir los recursos necesarios, se tendrá también que saber congregar y entusiasmar al equipo que acompañe en la ejecución.

En un principio el emprendedor se ve enfrentado a hacer muchas actividades, pues normalmente está solo o con uno o dos socios. Tendrá que desempeñarse en todos los frentes. En la medida en que el negocio progrese tendrá que elegir a las personas adecuadas para el crecimiento.

El talento del emprendedor es saber conjugar estas tres fuerzas. Probablemente, al inicio el esfuerzo estará centrado en la búsqueda de la oportunidad y la construcción de la propuesta de valor, luego en la búsqueda y organización de los recursos y finalmente en la construcción del equipo.

Un mensaje potente

Pero el común denominador de todas estas etapas es el poder del emprendedor de transmitir y convencer a todo su entorno con un mensaje simple, directo y muy potente, que logre entusiasmar a todos los que lo rodean. Este entusiasmo y poder de convencimiento es lo que lo mantendrá con vida en los momentos difíciles, cuando no consiga los recursos necesarios o las cosas no caminen en la dirección o con la velocidad deseada.

Tres maneras de emprender: independiente, dentro de una organización y en el ámbito social

La creación de un nuevo modelo negocio a partir de la detección de oportunidades no es un ámbito exclusivo de las denominadas empresas startups.

Cada vez es más común que dentro del campo de estudio del emprendimiento se distinga entre el “emprendedor independiente”, el “emprendimiento dentro de una organización existente” y el “emprendedor social”.

Sin duda estos dos últimos tipos de emprendimiento ha ganado visibilidad como “alternativas” al emprendimiento individual tradicional. Y es que el emprendimiento como proceso es sumamente valioso para todo tipo de organizaciones.

Innovar es prioritario para las empresas

Uno de los retos estratégicos de las empresas es cómo conseguir una capacidad permanente de innovación que posibilite la renovación de la cartera de productos y servicios y la adaptación del modelo de negocio a las presiones del entorno.

La innovación se ha convertido en un objetivo prioritario para todo tipo de organizaciones, públicas o privadas, industriales o de servicios.

En un principio, la innovación era responsabilidad casi exclusiva de los departamentos de operaciones y de I+D. Sin embargo, el éxito de varias compañías que seguían enfoques centrados en la iniciativa emprendedora de los empleados y su autonomía para descubrir nuevas oportunidades de crecimiento para la empresa fue denominado emprendimiento corporativo (corporate entrepreneurship).

Este emprendimiento es percibido como una herramienta importante para el crecimiento orgánico de las empresa, es decir, aquel generado desde el interior de la propia organización. Asimismo, el emprendimiento corporativo es visto como un mecanismo significativo para desarrollar la innovación a través de los miembros de la organización.

Los intraemprendedores (término que fue introducido por Gifford Pinchot III en 1978 junto con su esposa Elizabeth y curiosamente popularizado por el mismísimo Steve Jobs en una artículo de 1985 para Newsweek) descubren, evalúan y explotan nuevas oportunidades de negocio dentro de sus organizaciones.

Gracias a intraemprendedores, hoy tenemos productos y servicios tan cotidianos pero muy útiles como los Post-It© de 3M, el Gmail de Google o ¡un iPhone!

En Chile este tipo de emprendimiento no es tan común como lo pudimos constatar en los indicadores que presentamos el domingo pasado, sin embargo, cada día más organizaciones están incentivando a sus empleados para que innoven y desarrollen nuevos modelos de negocios. Algunos casos muy interesantes son Chilectra, Carozzi o Masisa.

Crear valor social

Por otra parte tenemos el emprendimiento social. Este fenómeno se refiere a las organizaciones con misión social que utilizan mecanismos de mercado para la creación de valor. Se focalizan en la creación de negocios para servir a sectores desaventajados de la sociedad, quienes utilizan innovación inclusiva para resolver problemas y generar cambio social.

La creación de valor social puede tener objetivos altruistas, puede crear riqueza social para combatir los problemas que afectan a las personas o el medio ambiente y también puede promover propósitos sociales, por ejemplo, mejorar la salud de la población.

Por lo tanto, el emprendedor social es aquel individuo visionario, innovador, generador de cambio y tomador de riesgo que inicia y opera una organización con propósito social. Es importante remarcar que el emprendimiento social puede ocurrir en los sectores públicos y privados, y también en organizaciones híbridas con y sin fines de lucro.

Este tipo de emprendimiento ha crecido de forma sistemática y continua en Chile en los últimos años, contribuyendo no solo al crecimiento económico, sino además a la equidad social, protección ambiental e, indirectamente, al logro de mayores niveles de estabilidad.

Este tipo de actividades ha comprometido a una cantidad importante de jóvenes y actores públicos y privados en la rearticulación central de la economía social.

Un ejemplo destacado en Chile es Algramo, empresa ganadora de varios premios internacionales cuyo modelo de negocio consiste en vender productos de necesidad básica (como legumbres o jabón en polvo) a granel. Esto lo hacen por medio de máquinas dispensadoras en envases retornables, de modo que logran reducir los precios de compra para las familias de escasos recursos que no pueden comprar en formatos de mayor volumen, reduciendo además el impacto ambiental de los envases.

Tanto intraemprendedores como emprendedores sociales tienen que saber conjugar las tres fuerzas del modelo de Timmons para lograr que sus proyectos sean sostenibles en el tiempo.


Fuente: El Mercurio