Siete de cada diez mujeres que tienen planes de isapres pagan adicional al 7% de cotización obligatoria
02.12.2017

Entre los 30 y 39 años, ellas, en promedio, gastan $1.041.430 al año en prestaciones de salud -algunos de los fenómenos que explican esto son los reproductivos y ginecológicos-, mientras que los hombres del mismo rango etario tienen un gasto promedio de $521.604. Sin embargo, la curva se da vuelta a partir de los 50 años en ellos. Esto se atribuye principalmente a una mayor incidencia de patologías de carácter digestivo, urológico, cardiovasculares y cataratas. 


Las isapres -al igual que las AFP- han tomado mayor protagonismo en los últimos meses, el que ha sido generado por el período de elecciones presidenciales. Así, varios de los candidatos a La Moneda ficharon en la primera vuelta la necesidad de contar con una reforma al sistema de salud privada como una de las prioridades que deberá enfrentar la próxima administración.

Una de las constantes críticas al actual modelo de isapres radica en la discriminación por preexistencias y por sexo que aún persiste en el sistema. Si bien en noviembre de 2014 se anunció el fin del embarazo como preexistencia y este se eliminó, las mujeres siguen estando en desventaja frente a los hombres, y para adquirir las mismas coberturas ellas deben pagar significativamente más.

Siete de cada diez mujeres que cotizan en una isapre abierta requieren hacer un aporte adicional al 7% obligatorio de su renta imponible con el fin de financiar su plan, según datos oficiales del gobierno. En tanto, en el caso de los hombres, el 61% debe pagar encima de la cotización establecida por ley. Así, de las 682.234 cotizantes mujeres que había en el sistema al cierre del año pasado, más de 483 mil debían desembolsar dinero extra para su programa de isapre todos los meses (ver infografía).

Dentro de las principales razones de por qué las mujeres hacen un uso mayor en las prestaciones de salud versus los hombres están las afecciones y condiciones vinculadas a fenómenos reproductivos, como el embarazo y parto, y ginecológicos, como los tumores benignos y malignos, que las obligan a mantener un contacto más frecuente con el sistema de salud. Por ejemplo, en 2016 las mujeres fueron, en promedio, a 5,3 consultas, mientras que los hombres lo hicieron 3,4 veces. Además, el gasto per cápita en prestaciones de salud en el caso de las mujeres entre los 30 y los 39 años es en promedio de $1.041.430, una cifra considerablemente más alta que la media general de $768.734, mientras que los hombres en el mismo rango etario desembolsan $521.604 anuales.

“Las isapres se comportan en la práctica como seguros individuales de corte clásico, los cuales cobran tarifas según el riesgo del contratante individual. Por esta razón es que las primas que cobran a las mujeres son mayores, ya que está de por medio la maternidad y porque en su edad adulta las mujeres tienen más eventos de salud que los hombres de igual edad”, sostiene Héctor Sánchez, director ejecutivo del Instituto de Salud Pública de la Universidad Andrés Bello y ex superintendente de Isapres.

No obstante, desde la Superintendencia de Salud manifiestan que “las mujeres adquieren planes de salud más económicos y, por tanto, con coberturas inferiores a las de los hombres”. De hecho, la cobertura efectiva promedio de estas es considerablemente inferior a la de los hombres. En 2016, la cobertura ambulatoria para mujeres fue de 54,6%, versus 59,4% para los hombres. En el ámbito hospitalario, la cobertura masculina también fue superior, ya que les cubrió un 72,5% y a las mujeres un 68,4%.

Sánchez recomienda que una vez evaluada la isapre que se quiera contratar, hay que fijarse en las que tengan el menor factor de recargo por riesgo asociado a sexo. “Deben fijarse en cuáles serán los planes que ofrezcan los mejores convenios y mejores reembolsos de gastos principalmente mayores (hospitalizaciones, por ejemplo) y en menor medida en los gastos ambulatorios”, dice.

En la cotización pactada, las personas pagan $83.440 en promedio. Durante el rango de edad entre 25 y 65 años para las mujeres, este pago es superior al de los hombres. Por ejemplo, ellas a los 35 años pagan una media de $106.072, mientras que un hombre desembolsa $65.587. Sin embargo, ellos comienzan una escalada progresiva de precios que determinan diferencias de más de 2,3 veces el promedio hacia los 80 años. Esto se atribuye principalmente a una mayor incidencia de patologías de carácter digestivo (tumores malignos de colon), urológico (tumores prostáticos: adenoma y cáncer prostático), cardiovasculares (patología coronaria y accidentes vasculares encefálicos) y cataratas, según las autoridades de salud.

Creación de un fondo de compensación de riesgo mitigaría efecto de discriminación por sexo

Pese a los diferentes factores que afectan la diferenciación de precios entre las cotizaciones de hombres y mujeres y las modificaciones introducidas a la ley de isapres en 2005 -como la incorporación de la tarifa GES, que ha logrado estandarizar un poco más los planes de salud con las isapres, introduciéndoles, además, algo de solidaridad en cuanto a precios-, el impacto de las medidas ha sido insuficiente para erradicar todos los problemas que enfrenta el sistema en el tema de los precios. Desde la superintendencia señalan que es necesario evaluar un nuevo marco legislativo cuyas medidas estén destinadas a dar solución concreta a los problemas que enfrentan los grupos de mayor riesgo.

Héctor Sánchez sostiene que debiera crearse un fondo de compensación de riesgo interisapre, articulado sobre la base de un plan de salud integral garantizado como mínimo. “En este modelo las personas pagan el mismo valor del plan sin importar edad y/o sexo; pero el fondo compensatorio por riesgo paga según el riesgo de las personas que se afilien a las isapres. En esta solución, las compañías ya no deben seleccionar al ingreso, deben garantizar libre movilidad y no tener preexistencias ni carencias. Los convenios y nuevos modelos de atención que promuevan las isapres harían sustentable una solución de este tipo”, explica el ex superintendente.

Misma postura tiene Gonzalo Simon, gerente de Desarrollo de la Asociación de Isapres, sobre crear un fondo de compensación de riesgo que permita un funcionamiento adecuado del sistema. “Esto significa que las tarifas pueden ser iguales, pero se requiere el uso de algún mecanismo de compensación de riesgo más eficaz que el utilizado en el GES”, menciona el ejecutivo.

$106.072
fue la cotización pactada promedio de las mujeres de 35 años  en el sistema de isapres abiertas durante 2016. Esta cifra es 62% superior al pago que hicieron los hombres de la misma edad en igual período.

EN 2016, LA COBERTURA AMBULATORIA de los planes de isapres para mujeres fue de 54,6%, frente al 59,4% de los hombres. En el ámbito hospitalario, la cobertura masculina también fue superior a la femenina: 72,5%, versus un 68,4%.

Pese a planes con parto reducido , isapres deben cubrir al menos una parte

Cómo elegir un plan o qué hacer si este tiene cobertura reducida para los embarazos son algunos de los factores que deben tener en cuenta las mujeres al contratar por una isapre.

S ¿Qué deben tener en cuenta ellas a la hora de empezar a cotizar?

Las mujeres debieran cotizar planes que consideren una buena cobertura para prestaciones propias de ellas, como ginecológicas, obstétricas y parto. Por eso, dependiendo de la etapa de la vida, deben evaluar bien si les conviene o no contratar un plan con cobertura reducida para el parto.

S ¿Las mujeres deben informar que están embarazadas si quieren cambiarse de una isapre a otra?

Su declaración no es obligatoria; sin embargo, tendrán una cobertura restringida si la fecha probable de la concepción es anterior a la de suscripción del contrato, cobertura que será proporcional al período que reste para que ocurra el nacimiento.

S Si una mujer tiene un plan de maternidad reducida y queda embarazada, ¿qué debe hacer?

La bonificación que recibirá es la establecida en el plan con cobertura reducida de parto o cesárea, que generalmente es un 25% de la cobertura general.

Sin embargo, la beneficiaria puede solicitar un cambio de plan ante la isapre, la que está obligada a aceptarlo, pudiendo incorporarse a otros planes. Por ejemplo, a uno que mantenga una equivalencia con el precio del que se reemplaza y satisfaga la cobertura de parto requerida. O uno que mantenga los beneficios del plan que se sustituye y aumente la cobertura de parto.

En el caso de cambio de plan, la cobertura para las prestaciones originadas en la atención del parto no podrá ser inferior a la que resulte de aplicar al nuevo plan de la isapre.

Se debe tener en cuenta que al recién nacido le corresponderá la bonificación general del plan, ya que la cobertura reducida del parto no afecta a las prestaciones que se otorguen al menor.


Fuente: El Mercurio