Perspectivas económicas globales y sus implicancias
07.05.2017

Hace un par de semanas concluyó la reunión conjunta de primavera del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), ocasión en la cual, como es habitual, se presentó el informe bianual del FMI sobre Las Perspectivas Económicas del Mundo (WEO, por sus siglas en inglés) y también se desarrollaron, en paralelo, seminarios sobre el estado de la economía y de los sistemas financieros globales y sus perspectivas.

De los temas tratados creo importante destacar tres. Primero, se consolida un escenario de un crecimiento mundial para este año y el próximo, mayor que el alcanzado el año 2015.

Segundo, hay una gran preocupación y mucha incertidumbre sobre las implicancias del gobierno de Trump para el orden económico y geopolítico mundial. Esta incertidumbre ha sido alimentada por sus declaraciones durante la campaña electoral y su actuar como Presidente. También se manifestaron preocupaciones por el alza del populismo en Europa y sus consecuencias para la estabilidad de la zona euro y la recuperación europea.

Tercero, a pesar del repunte cíclico reciente, el escenario de crecimiento mundial de mediano plazo no es auspicioso, principalmente por la importante caída que ha experimentado la productividad, tanto en los países avanzados como en los emergentes. A continuación, abordaré estos tres puntos con más detalle y analizaré las implicancias de este escenario para Chile.

Perspectivas de crecimiento mundial de corto plazo

El tenor de las discusiones sobre el crecimiento mundial de corto plazo fue mucho más optimista que en años anteriores, lo que no es extraño, dado que, después de continuas revisiones a la baja de las proyecciones de crecimiento mundial de los últimos seis años, este año el WEO revisó sus proyecciones de crecimiento al alza para el 2017 y mantuvo las del 2018, respecto de lo estimado en enero pasado.

Estas proyecciones y otras, como las del Consensus Forecast, confirman que la recuperación cíclica de la economía global se ha ido asentando. Esta recuperación es bastante extendida, aunque destacan la zona euro y Japón, que han sorprendido con un mayor dinamismo que el esperado tras años de bajo crecimiento y de muy baja inflación. También destaca Estados Unidos, país que ya prácticamente regresó al pleno empleo, que alcanzó un nivel de producto en torno a su potencial y cuya inflación se acerca a la meta del dos por ciento anual.

La recuperación de la zona euro ha sido impulsada por condiciones financieras más favorables -producto de las políticas del Banco Central Europeo y del saneamiento gradual de su sistema financiero-, de la importante caída de la tasa de desempleo, de la mejora en las expectativas de consumidores y empresarios (estas últimas están al nivel más alto en 10 años), y de la depreciación de su moneda.

La recuperación de Japón, en tanto, se apoya en políticas fiscales y monetarias expansivas, un mercado laboral robusto y la depreciación del yen.

En Estados Unidos, por su parte, la recuperación se apoya en una política monetaria expansiva, en el aumento de la riqueza resultante del alza en el precio de las propiedades y de los valores de acciones y bonos, en un mercado laboral más dinámico, y en las mejores expectativas de consumidores y empresarios.

Por otro lado, también han mejorado las perspectivas económicas del mundo emergente. China, que es, por tamaño, la principal economía emergente y segunda mayor economía mundial después de Estados Unidos, tomó más dinamismo de lo proyectado en los últimos dos trimestres, como consecuencia de políticas fiscales y crediticias expansivas. Sin embargo, China sigue preocupando a los expertos, y ocupando a sus autoridades, por el fuerte crecimiento del crédito a gobiernos locales y empresas públicas.

El resto de los países emergentes, como grupo, se está beneficiando de la recuperación cíclica de los países avanzados, de la maduración de los procesos de ajustes internos para enfrentar el fin del superciclo de productos primarios, de mejores precios de productos primarios y de condiciones financieras internacionales que se mantienen favorables.

Preocupaciones sobre el orden económico y geopolítico mundial

En cuanto al orden económico y geopolítico internacional, preocupan la conducta del gobierno de Trump y el alza del populismo en Europa. En particular, preocupa el riesgo de que Estados Unidos abandone el rol central que ha jugado desde la Segunda Guerra Mundial en promover el multilateralismo comercial y en el orden geopolítico internacional. También, preocupan las inclinaciones y acciones proteccionistas de la administración Trump, por sus consecuencias sobre las reglas de comercio global y, en último término, sobre el crecimiento mismo.

Otras fuentes de preocupación e incertidumbre involucran el alza del populismo en Europa, que podría expresarse electoralmente en Francia y en la próxima elección parlamentaria en Italia, las negociaciones del Brexit y las tensiones políticas en el Medio Oriente, en el Norte de África y en la península de Corea.

Perspectivas de crecimiento mundial de mediano y largo plazo

En cuanto a las perspectivas de crecimiento mundial de mediano y largo plazo, la preocupación está en que, después de esta recuperación cíclica a tasas de crecimiento que, en muchos casos, superan su nivel potencial, el crecimiento mundial va a ser mediocre. Esto, como consecuencia de la caída que muestra la productividad, tanto en países avanzados como en los emergentes. Esta caída de la productividad tiene una parte asociada al legado de la Gran Crisis Financiera -empresas y bancos con balances débiles, baja en los niveles de inversión, mayor preferencia por inversión en activos más líquidos y una caída en el avance del cambio tecnológico incorporado en el capital-, como también de factores más estructurales que vienen de antes.

Estos factores estructurales son el envejecimiento de la población, una menor tasa de acumulación de capital humano, la maduración del proceso de integración de China a la economía mundial, el desvanecimiento de las ganancias asociadas a las tecnologías de la información y las comunicaciones (informe reciente del FMI de Adler y otros, 2017). En este escenario, el mensaje central fue que, en particular, los países emergentes no pueden esperar que el mayor crecimiento proyectado para este año y el próximo se mantenga. Además, en China, las políticas orientadas a controlar el excesivo crecimiento del crédito van a terminar reduciendo su crecimiento. Por esta razón, esos países tienen que focalizar, ahora más que nunca, sus esfuerzos en crear ambientes internos más propicios para la expansión de la inversión y la productividad, y así puedan apuntalar su crecimiento potencial.

Implicancias para Chile

En este escenario poco optimista para el crecimiento mundial futuro y con una gran incertidumbre sobre el orden económico y geopolítico mundial, Chile no puede esperar que le llegue viento favorable de fuera para inflar las velas del crecimiento. Para que podamos retomar tasas de crecimiento en torno al cuatro por ciento anual, es necesario concentrarse más que nunca en reducir la incertidumbre y las innumerables barreras internas a la inversión, al empleo y a los aumentos de la productividad.

El crecimiento económico es fundamental para el bienestar de la población y, particularmente, para poder mantener el gran progreso que ha logrado la clase media en los últimos 30 años, y para poder financiar los programas de protección social. La lista de ajustes de políticas públicas para lograr tales objetivos es larga y ya me he referido a ellos en columnas anteriores. Los desafíos para el tramo final del Gobierno de la Presidenta Bachelet y para los candidatos a sucederla, son claros, solo queda esperar que los programas y planes se hagan cargo de implementarlas, dejando de lado visiones voluntariosas y cortoplacistas.

En este escenario poco optimista para el crecimiento mundial futuro y con una gran incertidumbre sobre el orden económico y geopolítico mundial, Chile no puede esperar que le llegue viento favorable de fuera para inflar las velas del crecimiento. Para que podamos retomar tasas de crecimiento en torno al cuatro por ciento anual, es necesario concentrarse más que nunca en reducir la incertidumbre y las innumerables barreras internas a la inversión, al empleo y a los aumentos de la productividad”.


Fuente: El Mercurio