Chile y la precarización del mercado laboral
09.03.2017

Crecimiento no es lo mismo que desarrollo. Esta diferencia no la entienden nuestras autoridades económicas, y la más grande muestra de su ignorancia se encuentra en el mercado laboral.


El siguiente relato breve le será muy familiar a algunos de nuestros lectores.

20:00 hrs, Metro Estación Tobalaba, camino a la combinación hacia Puente Alto por Línea 4. Mientras caminaba por el pasillo, repleto de gente que se movilizaba en la misma dirección, a cada costado gritaban sus productos más de 6 o 7 vendedores ambulantes: ¡Lleve el agua!, ¡Chocolates!, ¡Bebidas!…

Esto hace 6 meses no se veía. No había espacio para vendedores ambulantes dentro del Metro. Existía una especie de política interna de la institución para erradicar a los vendedores. Sin embargo, hoy nada queda de esa política. Los guardias ya no se preocupan por los vendedores, y estos ya le perdieron el respeto a la autoridad.

A este paso, en unos meses más, viajar en Metro será casi lo mismo que ir al mall.

Es muy probable que más de alguno haya visto, experimentado, o le hayan contado esta situación.

Y es que la invasión de vendedores ambulantes en el Metro es la cara más visible de la precarización que está transformando nuestro mercado laboral.

Puede que las cifras oficiales de empleo que entrega el INE digan una cosa, pero la realidad de los estadísticos y los burócratas es muy distinta a la que se observa en la calle, en lo concreto, en lo que en definitiva es la incuestionable realidad.

En una economía debilitada, como la muestra, el primer gran impacto se lo lleva el empleo, que de forma lógica debe disminuir, al menos en su dimensión formal, la que implica empleos asalariados.

Sin embargo, en Chile hemos estado experimentando un fenómeno anómalo, donde pese a la caída en el crecimiento del producto, el desempleo se ha mantenido estable, incluso, mostrando ajustes a la baja.

La explicación oficial a este comportamiento es el incremento en los empleos por cuenta propia, lo que a primera vista suena a emprendedores, inversionistas que viven de las rentas, comerciantes y microempresarios.

No obstante, la realidad es completamente distinta. Esos empleos por cuenta propia son vendedores ambulantes, personas que tienden una lona en medio del Paseo Ahumada a vender pequeños artículos importados, personas que se dedican a la recolección de cartón, papel, latas de aluminio, y muchas otras ocupaciones similares.

De todas formas quiero aclarar que bajo ningún punto de vista estoy en contra de este tipo de trabajos. Las personas que trabajan para conseguir sus objetivos representan el corazón de una economía que crece y se desarrolla. No importa qué trabajo realicen. Lo importante es que trabajan y eso siempre merece respeto y admiración.

El problema está en que este tipo de ocupaciones se caracterizan por ser muy precarias, sin leyes sociales, sin cotización, sin contrato, sin derechos ni deberes laborales, sin previsión o seguros de salud, y muchas veces, sin impuestos ni impacto en la recaudación fiscal.

Esto en definitiva afecta profundamente la calidad del empleo y del mercado laboral local. Chile se ha caracterizado por décadas, frente a sus vecinos regionales, por tener un mercado laboral altamente formalizado, por poseer una cultura previsional, una “cultura del contrato”, lo que evitaba la proliferación del trabajo informal, conocido también como “trabajar en negro”.

En cambio ahora, ante la imposibilidad del mercado de generar nuevos puestos de trabajo formales, esa fuera laboral ha migrado hacia sectores informales que, aunque aporten a las cifras de actividad, no generan desarrollo, innovación, y desde un punto de vista de largo plazo, no generan trascendencia.

La economía chilena camina rápidamente hacia un mercado laboral de subsistencia.

Y eso deriva en el estancamiento del desarrollo económico, condenándolo solo a un crecimiento vacío y de corto plazo.

Eso es Chile actualmente. No nos ceguemos a ver la situación. Los distractores abundan, ya sea desde los medios de comunicación tradicionales, la política, el gobierno y la publicidad.

Pero la realidad es que se está perdiendo en nuestro país la cultura del trabajo formal, de la formalidad laboral, esa que genera impacto en la vida de las personas, como también en el desarrollo de las industrias y el Estado.

Nuestras autoridades no ven el cambio, o simplemente están ignorando la precarización del mercado laboral. Esto es lo más factible, pues a ellos no les interesa el desarrollo de la sociedad en su conjunto, sino que solo su enriquecimiento personal. Para ellos, mientras puedan seguir perpetuándose en el poder, nada más importa.

En tanto, para nosotros en Inversor Global, nos interesa primero ser capaces de detectar estos cambios culturales, políticos y sociales de la sociedad chilena, porque en base a ellos podremos conocer y ofrecer posibilidades reales de crecimiento y desarrollo económico, desde las personas individuales, como tú o yo, para que la suma de todos los esfuerzos individuales pueda traducirse en la libertad financiera para todos.

Esto está pasando en Chile hoy, ahora, y debemos mirar el problema de frente.

Un abrazo,

Carlos Montoya


Fuente: IG Digital