Entre los errores de los líderes está el indicar de manera permanente la forma de hacer las cosas:
Escuchar y motivar son las habilidades blandas más valoradas del liderazgo moderno
14.11.2016

Expertos destacan también la importancia de estar preocupados del desarrollo de la carrera de sus colaboradores; identificar cuáles son sus debilidades y ayudarles a potenciarlas para permitirles movilidad. En todo caso, advierten que el estilo autoritario aún es común en el país.  


Tratar a los trabajadores como personas, no como recursos. Esa es la premisa que está detrás de las llamadas “habilidades blandas” -asociadas al relacionamiento de la gente- más valoradas actualmente en una jefatura, señala Eduardo Barros, psicólogo laboral y académico de la UAI.

Según explica, todas las actitudes que pueda tomar un superior sobre su equipo debieran partir de esa idea, cosa que no siempre ocurre. “Muchos hacen cosas, como prestar atención, con la idea de que los quieran y que los consideren buenos jefes, pero es una mirada muy peligrosa, pues la gente percibe cuando una preocupación parece de fondo, pero es transaccional, es decir, buscando algo a cambio”.

Sobre la base de que hay un real interés hacia las personas, distintos expertos entregan una guía con las conductas más apreciadas entre quienes tienen equipos a su cargo y, además, dan algunas recomendaciones prácticas sobre cómo desarrollarlas.

Escuchar bien: hablar poco y prestar atención

“No puede ocurrir que el hijo de alguien esté enfermo varios días y el jefe no lo sepa. Él tiene que estar conectado con lo que le pasa a su trabajador”, dice enfático Patricio Millar, gerente de RR.HH. de Transbank, empresa que tiene como uno de sus lineamientos contar con superiores cercanos. Por lo mismo, tienen establecido que los líderes debieran reunirse al menos una vez a la semana con su gente, para darse un feedback (retroalimentación).

En McDonald’s también promueven esta práctica en las jefaturas. “Tienen que conocer a su gente, pero lo pueden hacer de la forma como prefieran. Muchas veces no se trata de una conversación formal, sino en el pasillo, donde puedan hablar de sus preocupaciones”, explica Mariana Tarrio, gerenta de RR.HH. de la firma.

Para Barros, la capacidad de prestar atención pasa a ser una habilidad clave en la valoración del trabajador como persona: “Para escuchar bien hay que disponer de tiempo, hablar poco y lograr una escucha cognitiva, es decir, no estar pensando en otra cosa mientras hablan. Lo siguiente, es entender efectivamente lo que pasa”.

Ahora bien, hay una diferencia entre preocuparse por el otro y terminar siendo amigo de él. Juan Carlos Oyanedel, sociólogo y académico de la Universidad Andrés Bello, advierte que no es recomendable tener una relación de amistad entre el superior y el subalterno, pues no hay una posición de igualdad. Barros también estima que quien está al mando debe hacer esa diferencia: “El jefe debe dedicar tiempo a entender cuál es el estado de ánimo de las personas, pero esto no es ser el ‘buena onda’, tener corazón de abuelita o ser suave, que muchas veces se mal entiende”.

A juicio de Oyanedel, el conocer a la persona y sus preocupaciones permite identificar problemáticas y solucionarlas a tiempo: “No son cosas independientes, quien tiene problemas en su casa va a funcionar mal en la oficina. Es el jefe quien se tiene que dar cuenta si la persona tiene puesta su cabeza en el trabajo o no”, comenta.

Celebrar cada logro, independiente del tamaño

“El liderazgo ya no tiene que ser técnico, sino también moral. La persona tiene que ser capaz de motivar a su gente, al enseñarles no solamente a hacer el trabajo, sino lo que significa”, explica Oyanedel.

Para lograrlo, hay que transformarse en un líder coach , cree Liliana Chahuán, directora de servicios profesionales de LHH. “Es alguien que no da las soluciones, sino que indaga a través de preguntas, para que su supervisado dé con la respuesta. De esta forma, lo toma como una persona y esta se compromete y se hace cargo de su trabajo”, explica la ejecutiva.

La experta estima que una buena práctica es reunirse constantemente con los subalternos, al menos una vez a la semana, y hacerles cuestionamientos que los hagan pensar. “Más que dar instrucciones, el jefe debe devolver el trabajo, así la gente se empodera de su propio cargo”, agrega.

Para lograr ser motivador, Chahuán también cree que es importante entregar una retroalimentación positiva a la gente. En Transbank, por ejemplo, se les exige a los superiores acciones concretas de agradecimiento. “Tienen que celebrar todos y cada uno de los logros, sean grandes, medianos o pequeños, ya sea del área completa o de una sola persona. Esto va desde una nota, un e-mail o un apretón de manos en la reunión semanal”, destaca Millar.

En esta misma línea, Oyanedel agrega que una habilidad blanda determinante es la resiliencia al fracaso y lograr transmitirla a los colaboradores: “Un buen jefe sabe perder y es capaz de explicar que no pasa nada si se falla una vez. De no hacerlo, se puede generar un daño personal y de carrera en sus seguidores, en el caso de que el equipo no sepa lidiar con eso”.

La capacidad de formar buenos equipos aparece como otra destreza requerida entre quienes lideran. “Tienen que saber poner objetivos comunes, para que todos tengan claro para dónde va el grupo, pues si no lo hay, cada uno opera de forma individual”, señala Chahuán.

Según Tarrio, es fundamental saber rodearse de gente que ayude a conseguir esos resultados: “Todos tienen algunas destrezas más desarrolladas que otros. El líder no tiene que elegir gente igual, sino que aquellos que sean capaces de hacer cosas distintas, para después formar todo un departamento”.

Además, los superiores debieran ayudar a planificar el trabajo de cada persona. “Debe ser una persona atenta a los recursos que están disponibles y conversar con quienes están debajo, para planificar. Tiene que estar dispuesto a apoyar la ejecución del trabajo”, destaca Barros.

En ese sentido, Chahuán cree que es vital que los líderes estén preocupados del desarrollo de la carrera de sus colaboradores; identificar cuáles son sus debilidades y ayudarles a potenciarlas para permitirles movilidad. “Los profesionales quieren ser escuchados, y lo que más les motiva es que los ayuden a crecer. El jefe, en ese sentido, hace una especie de mentoría, para que juntos busquen las competencias que se necesitan pulir”, concluye Tarrio.

Seguir haciendo tareas previas al ascenso es uno de los errores más habituales

Nadie nace sabiendo ser líder, por lo que hay coincidencia entre los distintos expertos en que es común que se cometan errores en la actitud, sobre todo al principio. Eduardo Barros, psicólogo laboral y académico de la UAI, dice que la principal falla de los primerizos es seguir haciendo las labores previas: “Algunos siguen pensando que su trabajo es el mismo que antes, pero ahora hay que dedicarle tiempo a la gente, tener espacios de conversación y dar feedback “.

Liliana Chahuán, directora de servicios profesionales de LHH, coincide en que es un problema común, que se traduce también en la tendencia de indicar permanentemente la forma de hacer las cosas: “Llega un minuto en que la persona no da más, porque no sabe todas las respuestas, por lo que debe saber delegar”.

A juicio de Patricio Millar, gerente general de Transbank, en la práctica aún se ven muchas jefaturas de estilo autoritario, lo que también es un error. Barros concuerda en que aún hay gente que prefiere inspirar miedo para movilizar: “Efectivamente genera un efecto, la gente se mueve. Sin embargo, es mucho mejor que las mismas conductas se induzcan por la vía inspiracional y la presencia efectiva, y que al pensar en jefes se active la creatividad”.

En el otro extremo, trabajar en un ambiente distendido también puede traducirse en un fallo, advierte Chahuán. “Mientras el líder sea capaz de tener un objetivo claro y lograrlo, puede haber toda la fiesta que se quiera, pero si no comienzan los problemas y la misma gente se empieza a frustrar, porque les gusta estar en equipos que cumplen los resultados propuestos”, indica.

María de los Ángeles Pattillo 


Fuente: El Mercurio