El 48% de los ocupados lo hace entre cero y 44 horas a la semana
Frenazo económico genera ajuste automático de la jornada: ya casi la mitad de los chilenos trabaja hasta 44 horas semanales
16.04.2017

Los horarios han tendido a disminuir, como resultado de la menor actividad, sin que medie ninguna ley. Un tercio de los chilenos dice que estaría disponible para trabajar más tiempo. Entre los empleados públicos, esa cifra cae a 22,74%. 


El mercado laboral francés se convirtió en la envidia del mundo allá por el año 1998. Entonces, el gobierno del también socialista Lionel Jospin redujo la jornada de trabajo de 39 a 35 horas semanales a contar del año 2000. Y lo más alegre, sin una rebaja salarial.

La reflexión de los socialistas franceses hacía sentido: con una jornada más corta, los empresarios estarían obligados a contratar más trabajadores para cubrir los tiempos de producción que quedarían vacíos. Con ello, se le daría un mordiscón importante al desempleo que golpeaba a esa economía.

Pero el experimento no resultó para efectos de aminorar la cesantía: Francia registra una de las mayores tasas de desempleo de su historia -10% a nivel nacional y 23% entre los jóvenes-, y durante todos estos años las autoridades se han visto en la obligación de implementar tantas excepciones a la ley sobre horas de trabajo, que hoy la jornada efectiva es cercana a las 40 horas semanales (ver recuadro).

Lejanos a esos datos, en Chile se discute una moción de la diputada comunista Camila Vallejo que busca reducir la jornada de 45 a 40 horas semanales, manteniendo los sueldos. Idea bien acogida por sectores de la Nueva Mayoría, por el ministro del Interior, Mario Fernández, y por algunos connotados economistas, pero no por el Ministerio de Hacienda.

Pero más allá de si la propuesta es atendible o no -ya sea por mérito u oportunidad-, hay datos duros que muestran que la jornada de trabajo efectiva en Chile se viene ajustando a la baja desde hace seis años, sin que medie una ley.

En el trimestre móvil diciembre-febrero de 2017 (el último publicado por el INE), quienes trabajaron solo hasta 44 horas semanales ya alcanzan el 48% del total de ocupados, considerando asalariados, cuenta propia, empleadores, etc. En el mismo período de 2011, en cambio, esa cifra llegaba a 45,9% y había muchos más ocupados que trabajaban 46 horas o más (ver infografía).

Según el economista de la Universidad de Chile Alejandro Alarcón, claramente, la desaceleración de la actividad económica ha hecho que se produzca un ajuste a la baja de las horas efectivamente trabajadas, fenómeno que tiene dos expresiones. Por una parte, 100 mil puestos de trabajo asalariados se han destruido en el último año y muchas de esas personas se han tenido que dedicar a trabajos independientes, esporádicos y, naturalmente, sin jornadas fijas: “Esa gente estaría dispuesta a trabajar más o a trabajar en empleos que ofrezcan seguridad; pero no pueden, porque no hay más trabajo en la economía formal”, dice el economista.

Y la segunda expresión de este fenómeno es que incluso entre los trabajadores que han conservado sus puestos formales, las posibilidades de extender la jornada para obtener el pago por horas extras son cada vez menores, a causa de las bajas tasas de inversión.

Las cifras del INE ratifican esa visión: en el trimestre diciembre-febrero de este año, solo el 18,97% de los asalariados -personas con contrato y previsión- pudieron hacer horas extras, cifra que llegaba al 26,2% durante el mismo trimestre de 2011, cuando el PIB crecía a tasas de 7,2%.

En la industria, solo el 19% puede hacer horas extras

Los sectores que muestran las caídas más pronunciadas de sus niveles de inversión son, precisamente, las que exhiben una proporción más baja de trabajadores con horas extras: en la industria manufacturera, por ejemplo, solo 19,4% de los trabajadores trabajan 46 horas o más semanales. En febrero, la producción sectorial cayó 7,6%.

Pero más allá de las cifras, ¿los chilenos querrían trabajar más horas si eso supusiera mejorar sus ingresos? Las cifras del INE sugieren que sí.

El 30% de los trabajadores estaría dispuesto a trabajar más horas, cifra que llega al 41,79% entre los por cuenta propia. Incluso entre los asalariados del sector privado hay un 27,9% de personas que querrían trabajar más. ¿Cuál es el sector con la menor disposición a extender sus jornadas? Los empleados del sector público, con solo 22,74% de ellos disponibles para trabajar más.

Para el académico de la Universidad Diego Portales José Luis Ugarte, esta hipótesis todavía adolece de falta de datos. La cifra que falta, indica, es saber cuántos trabajadores con jornada completa son los que quieren trabajar más y no lo hacen por el frenazo económico.

Además, recuerda que cuando se redujo la jornada de 48 a 45 horas semanales, no se produjeron los efectos negativos que se vaticinaron.

Remuneraciones registran la caída más brusca desde 2010

Claramente, una menor carga de trabajo tiene un correlado en las remuneraciones de los trabajadores. En febrero de 2017, el Índice Nominal de Remuneraciones (IR) y el Índice Nominal del Costo de la Mano de Obra (ICMO) registraron las caídas más pronunciadas desde enero de 2010 (-0,4% y -0,5%, respectivamente). En doce meses, las horas pagadas por trabajador descendieron 0,6%, debido a la baja de las horas ordinarias (-0,4%) y las extraordinarias (-4,5%).

El 30% de los trabajadores estaría dispuesto a trabajar más horas, cifra que llega al 41,79% entre los por cuenta propia.

En Francia, las 35 horas semanales ya casi no se aplican

La reducción de jornada es una tendencia en retirada. Y el ejemplo más claro es Francia, país que no pudo sostener el máximo de 35 horas semanales.

Esto, a pesar de que los franceses son trabajadores altamente eficientes: tienen una productividad media de US$ 48 por hora, muy por encima de la media europea (US 34 por hora) y lejos del promedio de los chilenos (US$ 27 por hora), según la agencia de estadísticas de la Unión Europea, Eurostat.

Apenas la ley comenzó a aplicarse, las empresas empezaron a pedir excepciones y los trabajadores aumentaron de nuevo sus horas de trabajo.

Una de las modificaciones que terminaron por golpear en la línea de flotación a esta ley fue la disposición que permitió a los empleadores superar las 220 horas extras al año sin pedir la autorización de la inspección de trabajo, y con el único límite de no superar las 48 horas semanales de labores.

Pablo Obregón Castro 


Fuente: El Mercurio