En 2016, el desembolso adicional anual fue de $138.967 por beneficiario:
Copago en isapres sube 131% desde 2007, impulsado por mayor uso y menos coberturas
18.12.2017

Según un informe de la Superintendencia de Salud, los factores que afectan este incremento entre 2007 y 2016 son la inflación, el deterioro de las coberturas de los planes de salud y el aumento de las prestaciones de parte de las personas.  


A $138.967 ha ascendido el copago anual por beneficiario de isapres en los últimos 10 años. Este, que corresponde a la diferencia entre lo que cuesta una prestación que es financiada por el seguro -ya sea Fonasa, isapre o incluso una compañía de seguros- y lo que paga la persona adicionalmente, ha aumentado en 131,5%, desde 2007 hasta el año pasado.

Según un estudio de la Superintendencia de Salud, el copago anual final en 2007 era de $105.714 per cápita y el año pasado fue de $244.681. Un 43,9% de este incremento se explica por la inflación ($61.019), mientras el aumento de la tasa de uso de prestaciones explica un 41,4% ($57.509) y el deterioro de las coberturas de los planes de salud es responsable del 14,7% restante de dicho incremento ($20.439) (ver infografía).

Desde la Asociación de Isapres, el gerente de Desarrollo, Gonzalo Simon, concuerda con el regulador respecto de los factores que influyen en el alza. “Si el número de prestaciones aumenta se van sumando más copagos. Un factor es porque las personas van más al médico, se realizan más exámenes, se hospitalizan más veces, etc. Y el otro es que estos van teniendo un valor más alto, a medida que pasa el tiempo”, señala el ejecutivo.

Para el ex superintendente de Isapres, Alejandro Ferreiro, esto se debe también a que la cobertura de los planes ha aumentado menos que el costo de las prestaciones. Un fenómeno que para el abogado es más visible en los modelos de pago por servicio o libre elección y es menos evidente en el caso de los programas con prestadores preferentes, atención cerrada o integración vertical, donde los copagos tienden a ser menores.

“Lo que se observa es que la capacidad de copago de los usuarios de un plan de salud y las coberturas de los planes evolucionan por debajo del aumento de los costos de los prestadores y, por lo tanto, la diferencia entre lo que cuesta la atención en salud y lo que cubre el plan es el copago”, sostiene Ferreiro.

Por otro lado, Héctor Sánchez, también ex superintendente de Isapres y actual director ejecutivo del Instituto de Salud Pública de la Universidad Andrés Bello, añade que el incremento de los niveles del copago es porque las isapres no tienen coberturas capaces de absorber los efectos inflacionarios y, en consecuencia, ajustan esos mayores costos por dos vías: elevando el precio de los programas y aumentando los copagos de los planes, “traspasando a los afiliados las dos fuentes de incremento de los costos: el alza de precios de las prestaciones y la mayor frecuencia de uso por parte de los usuarios”.

Atención hospitalaria ha subido 95,4%

El copago en atención general ha subido 73,7% entre los años 2007 y 2016. En la ambulatoria el desembolso era de $67.296 en 2007, mientras que el año pasado fue de $108.598. Sin embargo, el desembolso adicional que más ha crecido es el de la atención hospitalaria, ya que hace una década el copago anual por beneficiario era de $38.418 y el año pasado llegó a $75.064, lo que implica un aumento del 95,4%.

Simon sostiene que en ambas coberturas sucede el mismo efecto, a medida que los planes se van quedando atrás, ya que la disminución de la cobertura no es tan significante, considerando que el estudio es a 10 años.

Victoria Beaumont, gerenta general de Altura Management, señala que ambas han decrecido de forma similar en el período de estudio. “Es importante destacar que el copago en prestaciones ambulatorias, que no representa unos extremadamente altos, no es necesariamente un desmedro al funcionamiento del sistema”, dice la ejecutiva. Sin embargo, Beaumont cree que es necesario hacer un esfuerzo en cuidar que no se eleven los copagos hospitalarios, “pues estos sí pueden llegar a ser onerosos para el afiliado”.

Actualización constante del plan mantendría estable el copago

Para contrarrestar el efecto en las finanzas de los afiliados, los expertos tienen distintas posturas y hacen diferentes recomendaciones.

Gonzalo Simon, por ejemplo, sugiere actualizar los planes cada dos o tres años para mantener un copago constante. Además de elegir adecuadamente al prestador donde se va a atender, para que así el precio de la atención sea congruente con la cobertura que la persona tiene vigente, sobre todo en atenciones de altos costos. “En eventos de menor complejidad, pagar un poco más no va a tener mayores efectos. Pero en hospitalizaciones o exámenes de alto costo, sí se pueden producir diferencias de copago importantes cuando la persona hace un uso más informado de la cobertura que tiene disponible”, precisa.

Alejandro Ferreiro sostiene que el desafío que tienen los aseguradores es mantener los copagos bajo control y eso lo pueden hacer cuando “de alguna manera” controlan ellos el precio que cobran los prestadores. “Hay un fundamento económico detrás de la llamada integración vertical. Solo cuando el plan de salud conoce y, de alguna manera, controla el valor de las prestaciones, puede garantizar un copago acotado. Por el contrario, si el prestador cobra libremente y sin límites, la cobertura va a ser la definida por el plan y todo el exceso va a tener que ser soportado por el afiliado. Eso es lo que determina la existencia de altos copagos”, dice el ex superintendente.

Por último, Héctor Sánchez señala que se debería cambiar el modelo de negocio de las isapres y abandonar la estrategia de seguros de reembolso de gastos médicos por seguros sociales, responsables de cubrir los riesgos en salud de sus beneficiarios guiados por principios de costo-efectividad. Esto implica un cambio paradigmático, “ya que estamos hablando de seguros de salud de largo plazo, con una visión preventiva, cuidando la salud de sus beneficiarios, estimulando a los prestadores de servicios de salud a que también cambien sus modelos de negocios. Desde producir soluciones costo-efectivas y no estar solo ajustando la inflación de costos por la vía de precios, ya sea aumentando las primas y/o subiendo los copagos”, dice Sánchez.

Los seguros complementarios no mitigan efecto en el largo plazo

Para mitigar el efecto del copago, un alto porcentaje de personas contrata de manera adicional un seguro complementario. Sin embargo, los expertos coinciden en que es una solución a corto plazo y que finalmente “disfraza” la disminución del copago.

“En el corto plazo es una solución para las personas, pero no lo son en el largo plazo, ya que al reducir los copagos sin cambiar el modelo de atención y de pago por acto médico, no se corrigen las causas de base del sistema y los precios de estos seguros aumentarán invariablemente en el tiempo”, sostiene el director ejecutivo del Instituto de Salud Pública de la Universidad Andrés Bello, Héctor Sánchez.

Para Gonzalo Simón, gerente de Desarrollo de la Asociación de Isapres estos seguros modifican los hábitos de consumo de las personas. “Tienen dos efectos, que se pueda saltar a un prestador de mayor valor y que al momento de disminuir el copago de manera muy fuerte puede estimular que las personas vayan a usar el sistema de salud de atención con más frecuencia, porque efectivamente el copago final es más bajo”. Sin embargo, señala que finalmente puedan terminar pagando un copago mayor. “Esto puede empujar a que las personas usen prestadores de mayor valor, sin que signifique que después de la isapre y del seguro complementario termine pagando un copago mayor”.

3.427.665 afiliados había hasta diciembre de 2016, un 23,4% más que hace diez años.

$244.681 es el copago promedio anual que tienen que efectuar los beneficiarios actualmente en el sistema de isapres.

María Jesús Coloma Fuenzalida 


Fuente: El Mercurio