Tres enigmas laborales y una encuesta misteriosa
22.07.2018

Si para conocer la cantidad de nuevos puestos de trabajo en el país nos limitamos a la encuesta nacional de empleo del INE (ENE), surgen algunos resultados misteriosos. Sin embargo, esto puede corregirse fácilmente a través de integrar datos de otras fuentes disponibles.

Los datos

De acuerdo a la ENE, en los 12 meses terminados en mayo, se crearon 93.000 puestos asalariados. Esto representa una significativa desaceleración con respecto a los 213.000 puestos del último trimestre del gobierno anterior.

Si se consideran solo los llamados "asalariados privados", la desaceleración es igualmente marcada: la creación de más de 77.000 puestos durante el año que terminó en febrero bajó a 30.300 en mayo.

No es de extrañar que, frente a estos datos, varios expertos hayan identificado la reducida creación de empleo asalariado como un riesgo para el crecimiento en los próximos trimestres.

Incluso el Banco Central, en su último comunicado de política monetaria, mencionó que "el mercado laboral sigue mostrando un comportamiento rezagado respecto de la actividad, en particular por la debilidad de la creación de empleo asalariado privado".

¿Están en lo correcto los expertos y el Banco Central? ¿Es un riesgo relevante esta baja creación de empleo? ¿A qué obedece? ¿Estaremos en presencia de un cambio estructural debido, quizás, a los avances de la automatización? ¿O tal vez a los efectos de la reforma laboral?

En mi opinión, hay que ser cautos, porque buena parte de este extraño comportamiento es ilusorio. Como veremos, la ENE no mide tan bien la creación de empleo, incluido el asalariado. Hay otras fuentes disponibles, más precisas, que complementan dicha información y permiten una historia más plausible.

Es importante subrayar que no se trata de un problema de manipulación o de error en la información. Lo que sucede es que le estamos pidiendo a un instrumento de medición una precisión sobre algunas variables que, simplemente, no es capaz de entregar.

Tres enigmas laborales

Así como la Princesa Turandot ofreció casarse con quien pudiera responder sus tres enigmas, hay tres enigmas que surgen a partir de los datos del ENE que es necesario resolver para tener una imagen más acertada del verdadero estado del mercado laboral.

El primer enigma es la inusual diferencia entre el crecimiento del PIB y el empleo asalariado durante los últimos años. Desde enero de 2014 y hasta mayo pasado, el promedio simple del crecimiento del Imacec fue 2% anual. El empleo asalariado privado, en cambio, creció solo 0,5% promedio anual.

¿Cómo puede crecer el PIB sin un aumento del empleo privado (si además decimos que la productividad está estancada)?

El segundo puzle es el enorme aumento del empleo asalariado público, noticia que ocupó la primera plana varias veces en los últimos años. Pero ¿dónde están los ejércitos de nuevos empleados asalariados del sector público? Serían casi 175.000 personas en 4 años, o un crecimiento de más de 4,5% por año.

Por cierto, el aumento del gasto público y el mayor acceso a bienes públicos traen aparejada más burocracia. Sin embargo, ¿son estos números realistas? Este es el segundo enigma.

Por último, el tercer enigma se relaciona con el empleo inmigrante. Específicamente, ¿dónde están los cientos de miles de trabajadores que llegaron durante los últimos años? Los vemos atendiendo en el comercio (con una refrescante amabilidad, inusual por estos lados) en bombas de bencina, restaurantes y en sectores como la construcción y la salud. También en algunas esquinas, como vendedores ambulantes.

Lamentablemente, no es posible determinar con exactitud a cuántos inmigrantes absorbió nuestro mercado laboral. Pero han de ser muchos, si consideramos que hay cerca de un millón de inmigrantes en la actualidad.

Solución a los enigmas

Debemos comenzar por reconocer que la ENE sufre de dos limitaciones.

La primera es que se trata de una encuesta a hogares, basada en el autorreporte, orientada a calcular la tasa de desempleo. Esto implica que, a no ser que se considere una muestra particularmente grande, existirá bastante volatilidad en los niveles de empleo calculados.

Afortunadamente, hoy contamos con más información, que es tiempo de usar en serio: los llamados registros administrativos.

Por un lado, desde hace décadas tenemos los registros de las AFP. Por otro, desde 2003 tenemos los registros del seguro de cesantía, que considera tanto el número de cotizantes (empleados formales) como su utilización (desempleados). Ambos representan universos, no muestras.

¿Qué indican?

De acuerdo al seguro de cesantía, entre enero de 2014 y marzo de 2018 el empleo asalariado creció 2,0% anual promedio. Según el número de cotizantes en las AFP, este crecimiento fue 1,7% anual promedio. Ambas cifras son significativamente mayores al 0,5% de la ENE y más acorde con el PIB del período. Así, el primer enigma desaparece.

Para saber qué pasó con el empleo público, e ir más allá del autorreporte, podemos utilizar una diferencia legal específica: los empleados públicos no cotizan (ni tienen derecho) al seguro de cesantía, pero sí cotizan en las AFP. Exceptuando a las trabajadoras de casa particular, los demás trabajadores formales en otros sectores sí cotizan al seguro de cesantía.

Pues bien, de acuerdo al registro de las AFP, que incluye a trabajadores públicos, en los cuatro años que terminan en marzo de 2018, se crearon 455.000 empleos. De acuerdo al seguro de cesantía, que excluye a trabajadores públicos, esa cifra fue 423.500. La diferencia entre ambos, 31.500, podrían ser asalariados públicos, si suponemos que el número de trabajadoras de casa particular se mantuvo fijo.

Si consideramos la disminución de 17.500 posiciones de trabajadoras de casa particular que reporta la ENE para ese mismo período, el empleo asalariado público habría crecido en 49.000.

La cifra es bastante menor que el ejército de 175.000 empleados públicos reportado por la ENE. Segundo enigma solucionado.

Por último, la otra limitación de la ENE es que su marco muestral está obsoleto. Esta deficiencia explica, entre otras cosas, que los inmigrantes prácticamente no aparezcan. Ellos se encuestan, obviamente, pero su importancia se ve subrepresentada. Este problema, sin embargo, puede subsanarse con el nuevo Censo. El tercer enigma tiene solución.

En EE.UU. pasa lo mismo (y aquí ya nos pasó)

La volatilidad de los registros de empleo de la ENE también se observa en Estados Unidos, en su encuesta a hogares.

En ese país se entregan tres cifras complementarias. Una vez al mes y de manera simultánea, se da a conocer la tasa de desempleo y la creación de empleo. La primera se basa en una encuesta a hogares, equivalente a la ENE. La segunda, y este es un aspecto clave, se calcula a partir de una encuesta a empresas.

Cada semana, además, se reportan las solicitudes al seguro de desempleo, un registro administrativo que permite tomar la temperatura al mercado laboral en tiempo real.

Si bien también se reporta mensualmente el empleo a partir de la encuesta a hogares, allá nadie toma muy en cuenta esa cifra. Es particularmente volátil y, por lo tanto, poco informativa.

Por ejemplo, en octubre de 2013, mientras el crecimiento del empleo en 12 meses (de acuerdo a los llamados payrolls ) era 1,7%, la encuesta a hogares reportaba 0%. De manera similar, a comienzos de 2017, cuando el crecimiento del empleo efectivo era 1,7%, la encuesta a hogares decía que era solo 1%.

En nuestro país, estas galimatías tampoco son nuevas. A comienzos de los 2000 se hablaba de un cambio estructural en el mercado del trabajo porque, a pesar del crecimiento, había poca creación de empleo. El misterio se desvaneció en el tiempo.

Una propuesta simple

Las políticas públicas necesitan de buena información. Lamentablemente, parece que la discusión sobre creación de empleo estos últimos meses (y también durante los últimos años) ha sido sobre una base poco sólida (y con excesivo tinte político).

La buena noticia es que no es difícil usar datos administrativos y mejorar así la información disponible. No se trata de sustituir la ENE, sino de complementarla.

Por cierto, hay que considerar que los registros administrativos toman algunos meses en completarse, por lo que las primeras cifras disponibles deberán tomarse con cautela. No obstante, el comportamiento de las cifras incompletas es predecible y se puede proyectar.

La llave la tiene el Ministerio del Trabajo y Previsión Social. Sería un gran paso consensuar métodos simples para usar estos datos para la coyuntura y enriquecer la información disponible.

Las políticas públicas necesitan de buena información. Lamentablemente, parece que la discusión sobre creación de empleo estos últimos meses (y también durante los últimos años) ha sido sobre una base poco sólida (y con excesivo tinte político). La buena noticia es que no es difícil usar datos administrativos y mejorar así la información disponible. No se trata de sustituir la ENE, sino de complementarla". 

Rodrigo Valdés Escuela de Gobierno UC 


Fuente: El Mercurio