Cómo sería su pensión si toda o una parte de la cotización extra va a su cuenta personal
26.08.2017

Un ejercicio solicitado por “El Mercurio” estima la jubilación de hombres y mujeres con el actual sistema de pensiones, y luego cómo sería esta con el aumento que se propone en la cotización obligatoria de 10% a 15% según la reforma del Gobierno, donde de ese 5% adicional solo el 3% iría a la cuenta personal de los trabajadores; así como también en el escenario ficticio de que todo ese aumento fuera a la cuenta de cada trabajador y se mantuviera el actual sistema de gestión.  


En medio del debate que existe en torno al proyecto del Gobierno para reformar el sistema previsional, que esta semana inició su tramitación en el Congreso, ya se han formado distintas visiones frente al tema. Una de ellas es respecto de quién debe administrar el aumento de la cotización obligatoria en 5%, si es que debe haber un cobro de comisiones extras relacionado a esa gestión, o incluso hacia dónde debiera ir ese adicional -si a la cuenta personal o al fondo de ahorro colectivo-. Con todo, un aspecto que no deja indiferente a nadie es saber cuánto podría aumentar la jubilación en el futuro respecto de los montos que hoy arroja el sistema.

Ante esa inquietud, “El Mercurio” solicitó a la Asociación de AFP llevar a cabo un ejercicio con “casos tipo” de trabajadores propuestos por este medio, donde se analiza la pensión de hombres y mujeres con el actual sistema, y luego con el aumento que se propone de la cotización y su destino según el proyecto de ley, como también en el escenario ficticio de que la totalidad de ese ahorro fuera a la cuenta individual de cada trabajador y se mantuviera el actual modelo previsional.

De esta forma, se definió el perfil de un hombre que cotizó desde los 25 años hasta los 65 años (su edad legal de retiro), sin lagunas previsionales, con cónyuge tres años menor y jubilándose con retiro programado con las condiciones actuales. En el caso de la mujer, se consideró a una trabajadora que cotizó desde los 25 años hasta los 62 años -edad a la que la mayoría de las mujeres se retira hoy en día, según la asociación-, sin lagunas previsionales, con cónyuge tres años mayor y jubilándose hoy con retiro programado.

Luego, ambos ejemplos incluyeron las variables de la reforma del 5% adicional de cotización, con un 3% yendo a la cuenta personal, los aportes intergeneracionales e intrageneracionales y el bono mujer; y con el total del 15% yendo a la cuenta individual de la AFP.

Los cálculos fueron hechos sobre la base de cuatro rentas que se mantienen fijas en el tiempo de cotización: el tope imponible (75,7 UF, unos $2.011.349, según la UF del día cuando se hizo el cálculo); $1 millón; la renta imponible promedio ($734.449); y una mediana imponible de $500 mil.

Se consideró, además, para los cálculos una rentabilidad de las inversiones de 5% en la AFP y Sistema de Ahorro Colectivo, una comisión para la administración de esos fondos de 0,5% sobre saldo anual, y una evolución proyectada de los flujos de cotización derivada de presentación del Ministerio de Hacienda y Dirección de Presupuestos. También considera la transición de la cotización y tope imponible del proyecto de ley.

Así, se puede observar que un hombre que cotizó en la AFP por el sueldo promedio imponible actual desde los 25 hasta los 65 años logra una jubilación mensual de $506.374, mientras que en el caso definido para la mujer, esta obtiene una pensión de $396.695. En tanto, al incluir las variables que propone la reforma, los hombres alcanzarían una pensión de $655.811 y las mujeres, de $524.614: un 29,5% y 32,2% más, respectivamente.

En las rentas más altas (tope imponible), el promedio para hombres y mujeres que se jubilaron cotizando invariablemente por $2.011.349 obtienen una jubilación promedio de $1,2 millones con las condiciones actuales, mientras que con la reforma ese monto sube a $1,5 millones como media; esto es, 25% más frente al actual régimen.

Por otro lado, si toda la cotización extra fuera a la cuenta personal, las jubilaciones aumentarían sobre 43% en promedio al compararlas con la actual cotización obligatoria del 10%. (Ver cálculos en infografía).

Bono compensatorio mujer es poco significativo

En opinión del gerente de Estudios de la Asociación de AFP, Roberto Fuentes, los afiliados jóvenes, de entre 25 y 40 años, serán los que se harán cargo de la solidaridad; los que pagarán la mayor parte de la reforma. “Los que asumirán la mayor parte de la carga serán los que ingresen a cotizar justo cuando comience a operar el esquema propuesto”, dice.

Asimismo, precisa que la trasferencia que efectúan los trabajadores jóvenes tiene un “costo” mensual de $261.381 para el hombre que cotiza por la renta tope. Para el que lo hace por $500 mil, la transferencia o costo mensual será de $37.335.

Además, señala que la cuenta personal del 3% de cotización del trabajador tiene una incidencia proporcional según nivel de ingreso y sexo. “Inclinan la balanza a favor del aporte intrageneracional para los ingresos bajo la renta imponible promedio, y bajo $300 mil en el caso del bono mujer”.

Finalmente, puntualiza que el bono compensatorio mujer es poco significativo, ya que en promedio, las mujeres se están jubilando a los 62 años. Por ello, dice que hay que revisar los límites y requisitos del beneficio, porque si ellas se pensionan después en los 65 años, reciben el bono completo hasta un monto del 14% de $300 mil, pero si lo hacen antes de los 65 años, el bono decrece, y si se pensionan antes de la edad legal de 60 años, desaparece.

Expertos llaman a perfeccionar la propuesta previsional

Algunos expertos valoran el alza de la tasa de cotización como una necesidad para mejorar las pensiones, aunque la forma en que se realiza tiene una serie de problemas, coinciden.

Juan Bravo, economista de Clapes UC, afirma que, por un lado, se crea más burocracia estatal, que eleva el costo de la administración para los trabajadores al tener su cotización para vejez en dos entidades distintas, debiendo pagarle comisión a cada una de ellas. “Por otra parte, se genera un impuesto al trabajo formal, que aunque las autoridades insistan en llamarle ‘cotización’ al 2% que va al fondo de ahorro colectivo, eso no le cambia su naturaleza de impuesto: los trabajadores formales destinarán un porcentaje de su sueldo para financiar un gasto social en pensiones, que no irá necesariamente a financiar la propia en definitiva”, afirma Bravo.

Asimismo, señala que debido a la gradualidad del proyecto, debiera haber un efecto en los salarios, que se reajustarán en menor medida, ya que en el caso de los que ya están contratados, el alza de costos será absorbida por los empleadores, otorgando menores reajustes salariales. En las nuevas contrataciones, los empleadores ofrecerán una remuneración que incorporará el costo total que implica contratar a ese nuevo trabajador. “Las estimaciones del Gobierno señalan que hay una caída de 3,3% en los sueldos líquidos en el largo plazo. De esta manera, para obtener mejores pensiones, los trabajadores están haciendo un sacrificio en sus salarios actuales y futuros, y resulta injusto que para financiar el componente colectivo se les cargue la mano solo a los trabajadores formales”.

Cecilia Cifuentes, investigadora del Centro de Estudios Financieros del ESE Business School de la Uandes, comparte con Bravo la idea de que se genera un impuesto al trabajo. “Cuando lo financia el trabajador, no es un costo, es un traspaso de consumo presente a consumo futuro”, puntualiza. Incluso, sostiene que el alza de la cotización debería ser pagada por el trabajador. “Es importante que se entienda que si vivimos más, debemos ahorrar más. Esto nos afecta a todos, no tiene sentido tratar de buscar que un tercero se haga cargo”, dice la economista.

En todo caso, valora que se incluya a los independientes en la cotización, y que el seguro de cesantía sea imponible, para atenuar el problema de las lagunas. “Se incorporan también algunos incentivos para prolongar la vida laboral activa, que parecen buenas medidas”, precisa Cifuentes.

Daniela Paleo 


Fuente: El Mercurio