Chile quiere una reforma previsional 2.0
26.05.2017

Por José Miguel Ortiz. La reforma de las pensiones 2.0 -que tiene como foco mejorar pensiones e innovar en su administración- merece un apoyo activo de quienes quieren vivir en un Chile más justo y que progresa para todos.


Hoy existe un reclamo ciudadano creciente producto de las bajas pensiones que generan las AFP, que según los datos de la superintendencia del sector tienen un monto promedio de $200.000 mensuales; el cual disminuye cuando se suman los pensionados del Pilar Solidario y que significan un universo total de casi 2 millones de pensionados.

Pero el problema no son sólo las bajas pensiones, sino también la falta de confianza y de legitimidad ciudadana de un modelo individualizado con pocos rasgos solidarios intergeneracionales. El país está demandando una reforma previsional 2.0 que se haga cargo de esta nueva realidad.

Hay sectores -en especial el mundo empresarial- que privilegian la individualización del sistema y su administración privada y hay otra parte de la sociedad que quiere introducir mayor solidaridad para un sistema mixto de pensiones. En democracia, esas diferencias deben resolverse en el Parlamento con un debate público racional, de cara al país, sin ideologismos y buscando resolver los déficits ya anotados.

La propuesta gubernamental de modificar el sistema de pensiones, incrementando la cotización previsional -de manera gradual- en cinco puntos y que estos sean administrados por un ente estatal, autónomo y altamente profesionalizado siguiendo el modelo canadiense- parece ser una fórmula equilibrada y razonable para quienes queremos un sistema de pensiones más solidario y menos individualizado.

Se requiere dar nuevos pasos hacia un modelo mixto de pensiones donde se combine el ahorro previsional con los mecanismos solidarios, pero con fórmulas más robustas que fortalezcan sustantivamente el Pilar Solidario creado el año 2008.

Los chilenos/as mayoritariamente no quieren seguir en un modelo de pensiones donde cada cual se deba “rascar con las propias uñas”, quiere solidaridad intergeneracional y no el individualismo extremo de las AFP.

Se requiere innovar en los mecanismos de administración, siguiendo modelos exitosos como el modelo canadiense -que rentó 10% real los últimos cinco años- u otros que surjan en el debate legislativo, pero hay un dato claro: hay mayoría ciudadana para reemplazar el rol monopólico de las AFP y que se avance hacia un esquema más competitivo y alternativo.

La propuesta Bachelet es seria y equilibrada. No logrará consensos transversales, porque hay actores ideologizados que seguirán defendiendo a ultranza a las AFP y que el 100% de la mayor cotización previsional vaya a las cuentas individuales. Es también equilibrada porque apunta a combinar el ahorro personal con mayores niveles de solidaridad.

Es de esperar que los actores políticos actuemos responsablemente, se avance en la tramitación legislativa de un proyecto que es urgente para diversos segmentos de la sociedad y no ocurra, como en otras reformas importantes para las familias, donde primaron las campañas del terror sobre sus efectos futuros.

La reforma de las pensiones 2.0 -que tiene como foco mejorar pensiones e innovar en su administración- merece un apoyo activo de quienes quieren vivir en un Chile más justo, que progresa para todas y todos.

*El autor es presidente Comisión de Economía Cámara de Diputados.


Fuente: Pulso